El adolescente, de nacionalidad colombiana, fue atacado en el parque de La Pegaso.
El adolescente, de nacionalidad colombiana, fue atacado en el parque de La Pegaso. Los Mossos buscan a varios jóvenes que huyeron hacia la avenida Meridiana y tratan de determinar si el crimen responde a una represalia entre bandas de raíz latinoamericana
Un adolescente de 15 años murió tiroteado la noche del jueves 2 de julio en el parque de La Pegaso, en el barrio barcelonés de La Sagrera. Los primeros indicios recabados por los Mossos d’Esquadra apuntan a un enfrentamiento entre bandas juveniles de la zona, aunque la investigación permanece bajo secreto y, por el momento, no se ha atribuido públicamente el crimen a ninguna organización concreta.
La víctima era un menor de nacionalidad colombiana que llevaba varios meses residiendo en España. El ataque se produjo alrededor de las 22.45 o las 23.00 horas en la parte del parque más próxima a la calle de Portugal, en el distrito de Sant Andreu. Varias llamadas al teléfono de emergencias 112 alertaron de unas detonaciones y de la presencia de un joven gravemente herido en el suelo.
La investigación abierta es por un homicidio cometido con arma de fuego y por una posible disputa entre bandas juveniles.
Disparos junto a la zona deportiva del parque
Según los testimonios recogidos durante las primeras horas, en el parque se estaba produciendo una pelea entre varios jóvenes cuando se escucharon entre dos y tres disparos. La víctima recibió dos impactos en el abdomen de bala en las proximidades de las canchas de voleibol.
Cuando llegaron las primeras patrullas de la Guardia Urbana y de los Mossos, el adolescente continuaba con vida, aunque se encontraba en estado crítico. Policías y sanitarios practicaron maniobras de reanimación durante varios minutos, pero no pudieron evitar su fallecimiento. Hasta el lugar se desplazaron siete unidades del Sistema d’Emergències Mèdiques.
Algunos testigos declararon haber visto a cuatro jóvenes abandonar el lugar corriendo en dirección a la avenida Meridiana. Otras informaciones elevan el número de personas que integraban el grupo agresor hasta una horquilla de entre cuatro y siete. La hipótesis de que algunos llevaban el rostro cubierto y portaban armas blancas aparece en fuentes periodísticas, pero estos extremos no han sido confirmados oficialmente por los Mossos.
La DIC busca al autor de los disparos
El Grupo de Homicidios de la División de Investigación Criminal de Barcelona se ha hecho cargo del caso. Durante la madrugada, los especialistas de la policía científica inspeccionaron el escenario, recogieron indicios balísticos y trataron de localizar cámaras públicas o privadas que hubieran captado la llegada y la huida de los implicados.
Los investigadores también están tomando declaración a los jóvenes que acompañaban a la víctima, a los vecinos que escucharon las detonaciones y a las personas que se encontraban en el parque. Una de las claves será determinar si el adolescente era el objetivo directo del ataque, si fue alcanzado durante una pelea más amplia o si el homicidio responde a una represalia previamente planificada.
Hasta las primeras horas de la tarde de este viernes no se había comunicado públicamente ninguna detención. Tampoco se ha difundido una descripción del tirador ni se ha confirmado cuántas armas fueron empleadas.
La consellera de Interior y Seguridad Pública, Núria Parlon, ha asegurado que los primeros indicios apuntan a un enfrentamiento entre bandas y ha expresado una condena rotunda ante lo que ha calificado como la máxima expresión de violencia.
La pista de las bandas latinas
La línea principal de investigación sitúa el crimen dentro de un conflicto entre bandas juveniles. Algunos medios y fuentes próximas al caso hablan específicamente de grupos de origen latinoamericano que frecuentan el parque y se disputan influencia en determinados puntos de Barcelona.
La información más reciente señala que la víctima llevaba unos siete meses en España y que había sido vista anteriormente en La Pegaso. Sin embargo, no se ha confirmado que perteneciera formalmente a una banda, que participara en actividades delictivas o que estuviera relacionado con la venta de drogas. Tampoco existe atribución oficial del ataque a un grupo determinado.
Fuentes policiales consideran que los Trinitarios y Barrio 18 se encuentran entre los grupos con mayor presencia en Barcelona. Esa referencia describe el contexto general de las bandas en la ciudad, pero no permite vincular a ninguna de ellas con este homicidio mientras no aparezcan pruebas o una comunicación oficial.
La denominación “bandas latinas” también requiere precisión. Aunque muchas de estas organizaciones surgieron vinculadas a comunidades latinoamericanas, su composición actual es más diversa. Por eso, los responsables policiales emplean cada vez más la expresión bandas juveniles violentas, que evita asociar automáticamente la delincuencia con una nacionalidad o con el conjunto de la población latinoamericana.
Un parque familiar durante el día y conflictivo durante la noche
La Pegaso es uno de los principales espacios verdes de Sant Andreu y alberga zonas infantiles, instalaciones deportivas, caminos y una guardería. La mañana posterior al asesinato, el parque recuperó aparentemente su actividad habitual, con familias, personas practicando deporte y vecinos paseando a sus perros.
Sin embargo, residentes del barrio distinguen entre el uso diurno del recinto y lo que ocurre durante determinadas horas de la noche. Algunos aseguran que la parte elevada situada junto a la calle de Portugal suele ser utilizada por grupos de adolescentes que se reúnen para beber, fumar, escuchar música o resolver disputas.
Otros vecinos relativizan la percepción de inseguridad y sostienen que durante el día pasean con normalidad. El asesinato, no obstante, ha reactivado las quejas por las peleas nocturnas, la escasa visibilidad de las patrullas y los problemas asociados a algunos locales de ocio próximos.
El repunte de las armas de fuego en Barcelona
El homicidio se produce en un momento de creciente preocupación policial por la circulación de armas de fuego en Cataluña. Con la muerte del menor, siete personas han fallecido por disparos en la comunidad desde comienzos de 2026. Cinco de esas muertes se han registrado en Barcelona.
Cuatro de los anteriores homicidios de la capital presentaban características de ejecuciones relacionadas presuntamente con el narcotráfico. En este caso, aunque algunos medios plantean una disputa por el control territorial o la venta minorista de drogas, esa conexión todavía no ha sido confirmada por los investigadores.
Durante 2025, los Mossos contabilizaron 162 incidentes inicialmente comunicados como tiroteos en Cataluña; en 93 de ellos se acreditó el uso de un arma de fuego real. La policía vincula buena parte de la expansión de estas armas con las redes de narcotráfico y con la protección de plantaciones de marihuana, aunque el fenómeno termina extendiéndose posteriormente a otros entornos criminales.
El alcalde de Barcelona, Jaume Collboni, ha reclamado más efectivos y un endurecimiento de las penas por tenencia ilícita de armas y actividades vinculadas al narcotráfico. Desde la oposición municipal se ha exigido reforzar la presencia policial y mejorar el control sobre los puntos de entrada de droga y armas.
Una investigación con varias incógnitas
La identificación del autor material dependerá, previsiblemente, de la información que aporten las cámaras, los testigos y los teléfonos de los implicados. Los agentes también deberán reconstruir las relaciones previas entre la víctima y los jóvenes presentes, así como comprobar si existían amenazas, peleas anteriores o mensajes difundidos en redes sociales.
Por ahora, el único extremo oficialmente respaldado sobre el móvil es la existencia de indicios compatibles con una disputa entre bandas juveniles. El número exacto de agresores, el tipo de armas que llevaban, la pertenencia del fallecido a algún grupo y una eventual relación con el tráfico de drogas continúan siendo hipótesis pendientes de confirmación.
El asesinato de un adolescente en un parque público constituye un salto especialmente grave en la violencia juvenil: no solo por la edad de la víctima, sino por la utilización de un arma de fuego en un espacio rodeado de viviendas, instalaciones deportivas y equipamientos infantiles.
