Armas, teléfonos y otros efectos intervenidos durante la operación contra Los 300.
Mossos d’Esquadra y Guardia Urbana atribuyen al grupo cuatro tentativas de homicidio, robos violentos y agresiones contra rivales y víctimas elegidas al azar. Siete adultos han ingresado en prisión y dos menores, en centros de internamiento.
La banda Los 300 estaba sustentada, según la investigación policial, sobre tres pilares: la violencia, el tráfico de drogas y la exposición en las redes sociales. El músculo era la violencia. La caja, el tráfico de drogas. Y el escaparate eran las plataformas digitales.
Bajo el nombre de «Los 300», un grupo de jóvenes habría construido en Barcelona una organización jerarquizada, armada y dispuesta a utilizar machetes, catanas y hasta armas de fuego para intimidar a sus rivales y controlar determinadas zonas de la ciudad.
Los Mossos d’Esquadra y la Guardia Urbana han dado a conocer este miércoles el resultado de una investigación iniciada en junio de 2025. El operativo final se llevó a cabo el pasado 19 de mayo, con entradas y registros en domicilios de Barcelona, Montcada i Reixac y Ripollet.
Fueron detenidas 18 personas: 12 mayores de edad y seis menores. Siete adultos ingresaron en prisión y dos adolescentes fueron enviados a centros de internamiento por orden judicial.
La banda Los 300 tenía líder, coordinadores y «soldados»
La investigación policial no describe una simple agrupación de jóvenes que coincidía ocasionalmente en peleas. Según los agentes, «Los 300» funcionaba como un entramado estable, con reparto de tareas y una estructura piramidal.
En la cúspide se situaba un líder encargado de tomar decisiones y coordinar tanto las agresiones como el negocio de la droga. Por debajo actuaban varios responsables operativos que preparaban las acciones.
El último escalón estaba formado por los denominados «soldados», encargados de ejecutar los ataques, transportar armas y participar en la venta de sustancias estupefacientes.
En este nivel figuraban varios menores. Los investigadores sostienen que la organización aprovechaba su menor responsabilidad penal para encomendarles algunas de las actuaciones más arriesgadas o violentas.
Los implicados tenían entre 15 y 27 años y muchos acumulaban antecedentes policiales.
Cuatro tentativas de homicidio y ataques con machetes
A «Los 300» se les relaciona con delitos de pertenencia a grupo criminal, tenencia de armas, tráfico de drogas, lesiones, robos violentos y tentativas de homicidio.
La investigación ha derivado en una decena de procedimientos judiciales, cuatro de ellos abiertos por supuestos intentos de matar a integrantes de grupos rivales.
Su forma de actuar seguía un patrón especialmente agresivo. Los jóvenes se desplazaban en grupos numerosos, ocultaban parcialmente su identidad y atacaban con machetes, catanas o cuchillos de grandes dimensiones.
Algunas agresiones buscaban castigar a miembros de organizaciones rivales. Otras se dirigían contra ciudadanos escogidos al azar para robarles teléfonos móviles, relojes u otros efectos personales.
Durante los registros, los policías localizaron un arma de fuego cargada, armas blancas, espráis defensivos, defensas extensibles y pasamontañas.
Las imágenes difundidas por los Mossos muestran también teléfonos móviles, ropa vinculada a la simbología del grupo y distintos objetos intervenidos en los domicilios.

Sant Andreu, Sant Martí y Nou Barris
El grupo había extendido su actividad principalmente por los distritos barceloneses de Sant Andreu, Sant Martí y Nou Barris.
Plazas, parques y otros espacios públicos eran utilizados como lugares de reunión, venta de droga y demostración de fuerza frente a organizaciones rivales.
El objetivo, según los responsables de la investigación, era proyectar una imagen de dominio territorial. La violencia no era solo un medio para cometer robos. También servía para enviar mensajes, defender puntos de venta y reforzar el prestigio interno de la organización.
La policía ya seguía sus movimientos desde hacía meses. En marzo, distintas informaciones periodísticas situaban uno de sus principales puntos de encuentro en un parque de Sant Martí y señalaban que algunos miembros usaban los colores blanco y negro como elemento identificativo.
Tusi y marihuana para financiar la organización
La principal fuente de ingresos de la banda Los 300 era presuntamente el tráfico de drogas, especialmente marihuana y tusi, la mezcla sintética comercializada en el mercado ilegal como «cocaína rosa».
Parte de la sustancia se preparaba en los propios domicilios investigados.
El dinero obtenido permitía sostener la actividad del grupo: adquirir armas, financiar desplazamientos, mantener la logística y asegurar la continuidad de las acciones violentas.
La droga no era, por tanto, una actividad secundaria, sino uno de los pilares económicos de la organización.
Las redes sociales como escaparate y método de captación
«Los 300» trasladaron también su identidad a internet. Los investigadores han detectado publicaciones con símbolos del grupo, exhibición de armas y referencias explícitas a agresiones y actividades delictivas.
Las redes sociales servían para comunicarse, intimidar a los rivales, reforzar la cohesión interna y captar nuevos integrantes.
Incluso difundían canciones y videoclips propios con los que glorificaban la violencia y alimentaban la imagen de pertenencia al grupo.
La exposición pública también permitía proyectar una imagen de poder y aumentar la notoriedad de la organización entre jóvenes de determinadas zonas de Barcelona.
Sin vínculo confirmado con el asesinato de La Sagrera
La presentación de la operación contra la banda Los 300 se produce pocos días después del asesinato a tiros de un adolescente de 15 años en el parque de La Pegaso, en La Sagrera.
Se trata de una zona donde operan distintos grupos juveniles y en la que también se había detectado actividad relacionada con «Los 300».
No obstante, no existe por ahora una vinculación policial confirmada entre la banda desmantelada y ese homicidio.
Los Mossos han evitado relacionar o descartar públicamente ambos casos mientras la investigación por la muerte del menor continúa bajo secreto.
Además, la operación contra «Los 300» se ejecutó varias semanas antes del tiroteo.
La caída del grupo representa uno de los mayores golpes recientes contra la violencia juvenil organizada en Barcelona. Pero la advertencia policial sigue vigente: entre cinco y diez grupos de estas características estarían activos en la ciudad, inmersos en disputas por el territorio, la droga y el control de los espacios públicos.
