Formacion Tactica Policial
En los últimos años se está produciendo un choque generacional importante dentro de las policías.
La incorporación de nuevas promociones es necesaria y positiva: aporta juventud, formación, nuevas ideas y otras formas de entender el trabajo policial. Sin embargo, este relevo generacional también está poniendo de manifiesto un problema que conviene afrontar: la pérdida progresiva del respeto por la veteranía, la experiencia y la cultura del trabajo en equipo.
Ser veterano no significa tener siempre la razón, ni la antigüedad debe convertirse en un argumento de autoridad. Pero tampoco podemos olvidar que la experiencia policial se construye después de muchos años de servicio, intervenciones, errores, aciertos y situaciones difíciles. Hay conocimientos que se adquieren en una academia y otros que solamente se aprenden después de miles de horas trabajando en la calle.
Una organización inteligente debería saber aprovechar ambas cosas: la preparación y el
empuje de quien llega y la experiencia de quien lleva décadas.
El problema aparece cuando el individualismo empieza a imponerse sobre el equipo. Cuando el objetivo deja de ser que el turno funcione correctamente y pasa a ser destacar personalmente, acumular intervenciones, felicitaciones, reconocimientos o méritos. Entonces aparece la tentación de trabajar por libre, buscar «mi intervención», «mi detenido» o «mi resultado», olvidando que detrás existe un grupo de compañeros y una planificación diseñada para garantizar el servicio al conjunto de la ciudadanía. Un ejemplo claro es el respeto al planificado diario.
El planificado no debería entenderse como una simple distribución de indicativos que cada uno puede modificar unilateralmente cuando le apetece. Si durante el servicio surge una intervención urgente o una necesidad operativa, evidentemente habrá que adaptarse, eso forma parte del trabajo policial. Pero otra cuestión muy diferente es abandonar sistemáticamente las funciones asignadas porque aparece un vehículo que queremos identificar, porque queremos realizar determinada intervención o, sencillamente, porque buscamos apuntarnos un tanto.
Cada vez que alguien actúa de esa manera debería hacerse una pregunta muy sencilla: ¿qué ocurre con mis compañeros cuando yo abandono la función que tenía asignada? Porque mientras uno busca una intervención que quizá resulte más atractiva, otro compañero puede estar asumiendo una carga que no le corresponde, una zona puede quedar peor cubierta o puede romperse una planificación establecida precisamente para
distribuir los recursos disponibles.
El buen policía no es únicamente el que realiza muchas intervenciones; también es aquel que entiende cuál es su función dentro del dispositivo y sabe que su actuación afecta al resto del equipo.
Esta tendencia se ha hecho más visible en los últimos años debido, entre otros factores, a la incorporación simultánea de promociones numerosas.
Cuando existe un grupo muy amplio de agentes con poca antigüedad y pocos referentes veteranos a su alrededor, es fácil que determinadas formas de trabajar se retroalimenten entre ellos y terminen normalizándose y ahí es donde la organización tiene una responsabilidad fundamental. No se trata de enfrentar a veteranos contra jóvenes, precisamente eso sería cometer el mismo error. Se trata de recuperar la transmisión profesional entre generaciones, el veterano debe enseñar sin arrogancia y aceptar que también puede aprender del recién llegado; el joven debe aportar iniciativa sin confundirla con individualismo y comprender que escuchar a quien lleva veinte o treinta años trabajando en la calle no supone renunciar a su criterio propio.
Durante décadas, uno de los pilares del trabajo policial ha sido precisamente ese sentimiento de equipo: saber quién tienes al lado, confiar en él y tener claro que cuando las cosas se complican no importan las medallas, las estadísticas ni quién aparece en una felicitación. Importa que el compañero responda. Por eso debemos tener cuidado con convertir el trabajo policial en una competición interna.
Una plantilla en la que cada agente intenta destacar sobre los demás puede conseguir buenos resultados individuales, pero difícilmente llegará a constituir un buen equipo. Y en seguridad pública, un buen equipo siempre será más fuerte que una suma de buenas individualidades que trabajan cada una por su cuenta.
La policía del futuro necesita agentes preparados, tecnológicamente competentes, con iniciativa y ambición profesional. Pero también necesita recuperar y proteger determinados valores que nunca deberían considerarse anticuados: respeto, disciplina operativa, compañerismo, humildad, experiencia y sentido de pertenencia.
Porque renovar una organización no significa empezar de cero, significa avanzar aprovechando todo lo aprendido por quienes estuvieron antes. La veteranía sin renovación puede estancarse; la juventud sin experiencia puede equivocarse, cuando ambas trabajan juntas, la organización crece. Y quizá ahí esté la cuestión fundamental: en policía, el verdadero reconocimiento no debería ser demostrar que uno es mejor que sus compañeros, sino conseguir que gracias al trabajo de todos el equipo sea mejor.
JA. Jurado “Five”

Interesante reflexión. Creo que hay mucha “meritotitis” por llegar alto y trabajar poco la calle.