La operación contra la red de estafas informáticas se desarrolló en España, Portugal y Panamá.
La Policía Nacional ha detenido a cuatro personas en España, Portugal y Panamá. La organización utilizaba 120 sociedades y 67 testaferros extranjeros para recibir, dispersar y ocultar el dinero obtenido mediante falsas inversiones, estafas del CEO, facturas manipuladas y ataques informáticos.
Una red de estafas informáticas que presuntamente llegó a manejar 140 millones de euros ha sido desarticulada durante una operación internacional desarrollada en España, Portugal y Panamá. La investigación se ha saldado con cuatro detenidos: dos en territorio portugués, uno en España y otro en Panamá.
La organización había construido una compleja infraestructura financiera formada por más de 800 cuentas bancarias, 120 sociedades mercantiles y 67 testaferros extranjeros. Su finalidad era recibir el dinero sustraído a las víctimas, repartirlo rápidamente entre numerosas cuentas y dificultar su seguimiento por parte de los bancos y las fuerzas de seguridad.
Los arrestados están investigados por su presunta participación en estafas cometidas mediante plataformas falsas de inversión, suplantaciones de directivos, facturas manipuladas y ataques conocidos como Man in the Middle. La operación contó con la colaboración de Europol, Interpol y las autoridades policiales de Portugal y Panamá.
La red de estafas informáticas operaba desde varios países
La investigación comenzó después de que la Policía Nacional detectara una actividad que aparentaba ser empresarial, pero cuyos movimientos económicos presentaban características compatibles con el blanqueo de capitales.
Las primeras pesquisas se centraron en nueve personas físicas y 19 sociedades mercantiles. Los agentes analizaron cuentas bancarias, operaciones de constitución de empresas y los procedimientos utilizados para contratar productos financieros. Las diligencias también incluyeron vigilancias, observaciones telefónicas y solicitudes de cooperación internacional.
El avance de la investigación permitió identificar a varios integrantes del entramado y determinar la función que desempeñaba cada uno. La organización no se limitaba presuntamente a cometer los fraudes, sino que disponía de una estructura diseñada para introducir el dinero en el circuito financiero y alejarlo de las cuentas receptoras iniciales.
La primera fase operativa incluyó seis entradas y registros en las provincias de Barcelona, Girona y Tarragona, además de una intervención en la ciudad portuguesa de Oporto, donde residía el principal investigado.
800 cuentas y 120 empresas para ocultar el dinero
La organización gestionaba más de 800 cuentas bancarias. En ellas ingresaban las cantidades procedentes de las estafas para transferirlas de inmediato a otras cuentas controladas directa o indirectamente por el grupo.
Los movimientos se realizaban en cadena. Cada transferencia añadía una nueva capa a la operación y complicaba la reconstrucción del recorrido seguido por el dinero. Parte de los fondos acababa en cuentas abiertas en terceros países, donde podía ser ocultada o blanqueada.
Para crear esta “maraña bancaria”, la trama habría recurrido a 67 testaferros extranjeros que no residían habitualmente en España. Según la Policía, eran ciudadanos europeos que llegaban desde otros países, constituían sociedades y posteriormente abrían cuentas bancarias en diferentes puntos del territorio nacional.
Estas personas actuaban como mulas bancarias: prestaban su identidad, figuraban como administradores de empresas o aparecían como titulares de las cuentas utilizadas para recibir y mover el dinero.
Así funcionaban las cuatro modalidades de fraude informático
La red combinaba diferentes métodos para captar víctimas y conseguir transferencias de grandes cantidades.
Plataformas falsas de inversión
Los estafadores utilizaban páginas que simulaban ser plataformas legítimas de inversión. Las víctimas transferían dinero convencidas de que estaban realizando operaciones financieras reales, aunque los fondos terminaban en cuentas controladas por la organización.
Estafa del CEO
Los delincuentes suplantaban la identidad de un alto directivo y se dirigían a un empleado con acceso a las cuentas de la empresa. Mediante correos electrónicos o comunicaciones manipuladas, le ordenaban efectuar una transferencia urgente y confidencial.
La Policía atribuye a esta modalidad 61 millones de euros defraudados durante 2024.
Facturas falsas
La organización manipulaba facturas o sustituía los datos bancarios del proveedor. La empresa afectada realizaba el pago creyendo que estaba abonando una operación comercial legítima, pero el dinero se enviaba a una cuenta controlada por los estafadores.
Ataques Man in the Middle
En este tipo de ataque, los delincuentes se introducen en una comunicación entre dos personas o empresas sin que estas lo adviertan. Después alteran los mensajes, modifican el número de cuenta de una factura o proporcionan nuevas instrucciones de pago.
Una “gestoría del fraude” localizada en Panamá
El principal investigado trasladó su residencia a Oporto en febrero. Este movimiento obligó a coordinar una actuación entre España y Portugal a través de Europol. Las autoridades dictaron órdenes europeas de investigación, registro, detención y entrega contra él y su pareja.
Otro de los principales sospechosos abandonó España y llegó a Panamá después de pasar por varios países. Según los investigadores, gestionaba buena parte de la infraestructura financiera y había instalado en su domicilio una auténtica “gestoría del fraude”.
Su arresto fue posible gracias a una orden internacional de detención y a la coordinación entre Interpol, la Agregaduría de Interior del Consulado de España en Panamá y las autoridades policiales del país.
Otros miembros de la organización residían en Barcelona, Girona y Tarragona. La Policía los considera “pastores de mulas”, es decir, personas encargadas de reclutar y controlar a los testaferros empleados para constituir empresas y abrir cuentas bancarias.
Tres millones de euros bloqueados para las víctimas
La operación permitió desmantelar dos centros neurálgicos de la organización e intervenir más de 170 teléfonos inteligentes y 15 ordenadores. Estos dispositivos habrían sido utilizados para gestionar y ejecutar miles de transferencias.
Los agentes también bloquearon tres millones de euros de presunto origen fraudulento para ponerlos a disposición de las víctimas.
La Policía cifra en más de 94 millones de euros el flujo económico canalizado a través de la infraestructura investigada y atribuye otros 61 millones a estafas del CEO cometidas durante 2024. Ambas cantidades no deben sumarse automáticamente, ya que la información oficial no aclara si algunas operaciones están incluidas en los dos cálculos.
La estimación global comunicada por el Ministerio del Interior sitúa en 140 millones de euros el dinero presuntamente obtenido por la organización.
La investigación da por desmantelada la red de estafas informáticas asentada en España y sus principales ramificaciones internacionales. No obstante, el análisis de los dispositivos y las cuentas intervenidas podría permitir la localización de nuevas víctimas o la identificación de otros participantes.
