Laboratorio IRTA registrado por la Guardia Civil y Mossos d'Esquadra
La peste porcina en Cataluña ha vuelto a colocar el foco sobre el IRTA-CReSA de Cerdanyola del Vallès. Mossos d’Esquadra y Guardia Civil entraron por segunda vez en el centro para recoger nuevas muestras, documentación e información relacionada con los virus utilizados en sus investigaciones. La diligencia, ordenada por el Juzgado de Instrucción número 2 de Cerdanyola, confirma que la vía judicial continúa abierta, aunque los análisis científicos realizados hasta ahora no han encontrado una coincidencia genética entre el virus detectado en los jabalíes y las cepas examinadas en el laboratorio.
La nueva actuación se desarrolló el 30 de junio, poco más de seis meses después del primer registro. La investigación de la peste porcina en Cataluña también llevó a los agentes hasta el Centro de Biología Molecular Severo Ochoa, un centro mixto del CSIC y la Universidad Autónoma de Madrid al que se habían remitido muestras para realizar estudios genéticos. El procedimiento permanece bajo secreto, por lo que no se conoce qué dudas concretas pretenden resolver los investigadores.
Peste porcina en Cataluña: un segundo registro en seis meses
Los agentes accedieron al IRTA-CReSA después del mediodía y permanecieron en las instalaciones hasta cerca de la medianoche. Su objetivo era retirar nuevas muestras de los virus con los que trabaja el centro y obtener documentación adicional. La misma orden judicial permitió la entrada de un equipo conjunto de ambos cuerpos en el Centro de Biología Molecular Severo Ochoa, situado en el campus de la Universidad Autónoma de Madrid.
El primer registro policial del IRTA-CReSA se había practicado el 18 de diciembre de 2025 y se prolongó durante unas catorce horas. En aquella ocasión, la policía intervino documentos y muestras de virus utilizados en investigaciones experimentales. Esta segunda entrada no demuestra por sí misma que el brote de peste porcina en Cataluña se originara en el laboratorio. Sí indica que el juzgado considera necesario ampliar, comprobar o cruzar la información obtenida durante los últimos meses.
La causa trata de determinar si pudo existir alguna negligencia en la manipulación, conservación o eliminación de material biológico y si los hechos podrían encajar en un delito contra los recursos naturales y el medio ambiente. Por ahora, no ha trascendido públicamente la imputación de una persona concreta ni existe una resolución judicial que sitúe el origen del brote en el IRTA-CReSA.
Especialistas NRBQ para retirar las muestras
La extracción y el traslado de las cepas quedaron en manos del grupo NRBQ de los TEDAX de los Mossos d’Esquadra, especializado en riesgos nucleares, radiológicos, biológicos y químicos. Su intervención no significa que existiera un peligro inmediato para la población. Responde a los protocolos exigidos para manipular, embalar, transportar y custodiar material biológico potencialmente peligroso.
Estos procedimientos persiguen dos objetivos: evitar cualquier alteración de las muestras y garantizar la cadena de custodia judicial. En una investigación como la abierta por la peste porcina en Cataluña, la trazabilidad del material intervenido resulta esencial para que los análisis posteriores puedan ser utilizados como prueba.
El IRTA-CReSA ha reiterado que mantiene una actitud de máxima transparencia y plena colaboración con las autoridades. El centro asegura que atenderá cualquier nuevo requerimiento judicial y recuerda que las auditorías y comparaciones genómicas realizadas hasta ahora no han aportado pruebas de una fuga.
Dos jabalíes muertos junto a un centro de alta seguridad biológica
El origen del caso se sitúa en los días 25 y 26 de noviembre de 2025, cuando aparecieron dos jabalíes muertos en Cerdanyola del Vallès, cerca del campus de la Universidad Autónoma de Barcelona y de las instalaciones del IRTA-CReSA. El Laboratorio Central de Veterinaria de Algete confirmó el 28 de noviembre que ambos animales estaban infectados. Fue la primera detección de peste porcina africana en España desde noviembre de 1994.
La proximidad entre los animales infectados y un centro que trabaja experimentalmente con el virus convirtió una posible liberación accidental en una de las primeras hipótesis. El informe científico del Ministerio de Agricultura deja claro, sin embargo, que esa posibilidad no surgió de una prueba directa. Se valoró por la combinación de tres factores: la cercanía geográfica, la actividad investigadora del centro y la elevada similitud inicial del virus con el linaje Georgia 2007/1, utilizado como referencia en numerosos laboratorios.
La investigación sobre la peste porcina en Cataluña también examinó un incidente ocurrido semanas antes en el digestor de cadáveres, un equipo destinado a esterilizar y destruir restos animales procedentes de investigaciones de alta bioseguridad.
El Equipo Veterinario de Emergencia de la Unión Europea calificó aquel episodio como relevante, pero concluyó que se había gestionado de forma adecuada y transparente. Los especialistas consideraron muy improbable que estuviera relacionado con el brote porque se adoptaron las medidas necesarias y la cronología no encajaba con el comienzo de la infección. El equipo tampoco identificó una vía evidente por la que el virus pudiera haber escapado del IRTA-CReSA.
La peste porcina en Cataluña no coincide con las cepas analizadas
La principal objeción científica a la hipótesis de una fuga está en el genoma. Tras la detección de la peste porcina en Cataluña, el Ministerio de Agricultura solicitó la intervención del Equipo Veterinario de Emergencia de la Unión Europea. Los expertos inspeccionaron el IRTA-CReSA los días 11 y 12 de diciembre, revisaron sus sistemas de bioseguridad, los experimentos desarrollados y el inventario de material biológico disponible.
De esa revisión se seleccionaron 81 muestras consideradas relevantes: doce aislados históricos de las cepas Georgia 2007 y Armenia 2007, y 69 muestras clínicas procedentes de cuatro infecciones experimentales realizadas durante 2025. El Laboratorio Central de Veterinaria de Algete analizó todo ese material y no encontró en ninguna muestra los marcadores genéticos específicos del virus localizado en los jabalíes.
La secuenciación completa realizada por organismos independientes tampoco detectó en los virus utilizados como inóculos la gran deleción estructural, cercana a las 10.000 bases, ni el conjunto de mutaciones que caracterizan al virus encontrado en el medio natural.
La conclusión del informe oficial es clara: no se halló coincidencia genética entre el aislado español y los virus empleados en las actividades experimentales del IRTA-CReSA, ni mediante marcadores parciales ni en la comparación del genoma completo.
El mismo documento advierte, no obstante, de que sus conclusiones sobre el origen deben considerarse provisionales. Que las muestras examinadas no coincidan con el virus del brote reduce el respaldo científico de la fuga, pero no permite reconstruir automáticamente el verdadero origen de la peste porcina en Cataluña.
Alimentos contaminados, la hipótesis con mayor respaldo
La caracterización molecular identificó una variante del genotipo II que no encaja en los subgrupos descritos anteriormente. El virus presenta una firma propia, clasificada como grupo genético 29, una deleción de unos 9,8 kilobases que afecta a 21 genes y 16 variantes únicas entre las 30 diferencias detectadas. Esa singularidad dificulta relacionarlo con otros brotes europeos conocidos.
El foco activo más próximo se encontraba entonces en el norte de Italia, a más de 500 o 600 kilómetros. No se habían registrado focos intermedios en Francia y los virus italianos pertenecían a grupos genéticos distintos. Para el comité científico que estudia la peste porcina en Cataluña, estos elementos hacen poco probable una expansión natural y progresiva mediante el desplazamiento de jabalíes.
Entre los escenarios examinados destaca una introducción a larga distancia mediada por la actividad humana. La Organización Mundial de Sanidad Animal señaló como escenario posible más probable una entrada única a través de productos porcinos contaminados o restos de comida abandonados en un lugar accesible para los jabalíes.
La hipótesis encaja con la aparición aislada del virus en un entorno metropolitano atravesado por grandes carreteras y líneas ferroviarias. Sin embargo, las lagunas existentes en las bases de datos genómicas impiden determinar desde qué país o territorio pudo llegar esta variante.
También se estudió de forma teórica una introducción deliberada. El comité científico no encontró indicios específicos que apuntaran en esa dirección y mantuvo esta posibilidad únicamente dentro del análisis general de todas las vías potenciales.
La peste porcina en Cataluña suma 59 focos y 358 positivos
Mientras la justicia intenta reconstruir el origen, el brote continúa activo entre la fauna silvestre de la provincia de Barcelona. La actualización oficial del Ministerio de Agricultura, fechada el 2 de julio, eleva el balance a 59 focos —tres primarios y 56 secundarios— y 358 jabalíes positivos en trece municipios.
Los casos se distribuyen por Cerdanyola del Vallès, Sant Cugat del Vallès, Sant Quirze del Vallès, Terrassa, Rubí, Molins de Rei, Sant Feliu de Llobregat, Sant Just Desvern, Barcelona, Sabadell, El Papiol, Castellbisbal y Esplugues de Llobregat. Otros 7.966 animales analizados dieron resultado negativo.
La evolución de la peste porcina en Cataluña ha obligado a mantener la búsqueda y retirada de cadáveres, la captura y el control de poblaciones de jabalíes, y la instalación o refuerzo de vallados en los corredores utilizados por estos animales.
También continúan las inspecciones de bioseguridad y la vigilancia reforzada en las explotaciones porcinas. Estas actuaciones se suman a las restricciones aplicadas en los bosques y espacios naturales afectados.
Pese al avance del virus entre la fauna salvaje, no se ha detectado ningún positivo en cerdos domésticos. Este dato resulta decisivo para el sector ganadero, ya que la entrada del patógeno en una explotación tendría consecuencias sanitarias, económicas y comerciales de gran alcance.
Dos investigaciones paralelas y un origen todavía abierto
El segundo registro pone de relieve que existen dos investigaciones diferentes. La científica y epidemiológica intenta determinar cómo entró el virus y cómo se ha propagado. Sus resultados no vinculan genéticamente el brote con las cepas analizadas en el IRTA-CReSA y conceden mayor plausibilidad a una introducción mediada por la actividad humana.
La investigación judicial persigue otro objetivo: comprobar inventarios, registros, protocolos, incidentes técnicos, documentos y muestras intervenidas con todas las garantías legales. También debe establecer si existió alguna negligencia con relevancia penal.
Por eso, el regreso de Mossos y Guardia Civil al laboratorio no invalida los estudios científicos ni demuestra que se produjera una fuga. Únicamente confirma que el juzgado mantiene abierta esa línea de investigación y pretende obtener sus propias pruebas bajo cadena de custodia.
La gestión de la peste porcina en Cataluña debe partir también de una precisión esencial: la enfermedad no se transmite a las personas, ni por contacto con animales infectados ni por consumir productos derivados del cerdo. Su riesgo se concentra en los cerdos domésticos y los jabalíes, entre los que puede provocar una mortalidad muy elevada.
La Comisión Europea recuerda que se trata de una enfermedad devastadora para los suidos y que no existe una vacuna disponible para combatirla. También puede propagarse mediante alimentos contaminados, como carne sin cocinar o productos porcinos.
Más de siete meses después de los primeros hallazgos, el interrogante central de la peste porcina en Cataluña continúa sin respuesta. El virus está caracterizado genéticamente y su expansión geográfica permanece bajo vigilancia, pero todavía no se ha podido reconstruir el camino exacto que siguió hasta Cerdanyola del Vallès.
La investigación científica ha debilitado algunas hipótesis. La investigación judicial continúa buscando pruebas. El origen del brote, por ahora, sigue abierto.
