Laboratorio IRTA registrado por la Guardia Civil y Mossos d'Esquadra
La segunda entrada judicial en el laboratorio de Cerdanyola y el registro simultáneo de un centro del CSIC en Madrid confirman que la investigación sigue abierta, pese a que los análisis científicos realizados hasta ahora no han encontrado coincidencias genéticas entre el virus del brote y las cepas utilizadas por el centro catalán
La investigación sobre el origen del brote de peste porcina africana detectado en Cataluña ha regresado al punto más sensible del caso: las instalaciones del IRTA-CReSA de Cerdanyola del Vallès, uno de los principales centros españoles dedicados al estudio de enfermedades animales de alta peligrosidad.
Agentes de los Mossos d’Esquadra y de la Guardia Civil registraron el pasado 30 de junio por segunda vez el laboratorio, dentro de unas diligencias judiciales que permanecen bajo secreto. El operativo se prolongó desde pasado el mediodía hasta cerca de la medianoche y tuvo como objetivo recabar nuevas muestras, información y documentación relacionada con los virus empleados en las investigaciones del centro.
La actuación fue ordenada por el órgano judicial de instrucción número 2 de Cerdanyola del Vallès, que desde finales de 2025 trata de determinar cómo llegó el virus de la peste porcina africana a una población de jabalíes del área metropolitana de Barcelona después de más de tres décadas sin presencia de la enfermedad en España.
La operación no se limitó a Cataluña. Un equipo conjunto de ambos cuerpos policiales entró también en el Centro de Biología Molecular Severo Ochoa, situado en la Universidad Autónoma de Madrid y dependiente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas. A este centro habían sido enviadas muestras para realizar estudios relacionados con la caracterización genética del virus.
Especialistas NRBQ para retirar las muestras
Al igual que en el primer registro, efectuado el 18 de diciembre de 2025, la manipulación y retirada de las cepas fue encomendada al grupo NRBQ de los TEDAX de los Mossos d’Esquadra, especializado en materiales nucleares, radiológicos, biológicos y químicos.
Esta intervención no implica que existiera un riesgo inmediato para la población. Responde a los protocolos necesarios para intervenir, embalar, transportar y custodiar material biológico potencialmente peligroso sin alterar las muestras ni comprometer la cadena de custodia.
La primera entrada policial se había prolongado durante unas catorce horas. En aquella ocasión, los investigadores intervinieron documentación y muestras de los virus empleados en los experimentos realizados por el IRTA-CReSA. La nueva diligencia, seis meses después, evidencia que la investigación judicial considera necesario ampliar o contrastar el material ya recopilado, aunque el secreto de las actuaciones impide conocer qué lagunas concretas intentan resolver los investigadores.
Según la información conocida, la causa trata de esclarecer si pudo producirse alguna negligencia en el tratamiento, almacenamiento o eliminación de muestras biológicas y si los hechos podrían tener encaje en un delito contra los recursos naturales y el medio ambiente. Hasta el momento no ha trascendido la imputación de ninguna persona ni existe una conclusión judicial que atribuya al laboratorio el origen del brote.
Dos jabalíes muertos y un laboratorio cercano
El caso comenzó los días 25 y 26 de noviembre de 2025, cuando fueron localizados dos cadáveres de jabalí en Cerdanyola del Vallès, en una zona de interfaz urbana y forestal próxima al campus de la Universidad Autónoma de Barcelona y a las instalaciones del IRTA-CReSA.
El Laboratorio Central de Veterinaria de Algete confirmó el 28 de noviembre que ambos animales estaban infectados por peste porcina africana. Era la primera detección de la enfermedad en España desde noviembre de 1994.
La cercanía entre los animales infectados y el laboratorio, donde se trabaja experimentalmente con el virus, convirtió desde el principio una posible fuga accidental en una de las hipótesis que debían investigarse.
El Ministerio de Agricultura reconoció posteriormente que esta posibilidad no se planteó a partir de una prueba directa, sino por la confluencia de varios elementos: la proximidad geográfica, la actividad investigadora del centro y la similitud inicial del virus con el linaje Georgia 2007/1, utilizado internacionalmente como cepa de referencia.
A ello se sumó la existencia de un episodio descrito por el Equipo de Emergencia Veterinaria de la Unión Europea como un “incidente relevante” en el digestor de cadáveres del laboratorio, ocurrido semanas antes del hallazgo de los primeros jabalíes. Este equipo se utiliza para esterilizar y destruir los restos de animales empleados en investigaciones de alta bioseguridad. La naturaleza y el alcance exacto de aquel incidente no han sido explicados públicamente con detalle.
La coincidencia temporal y geográfica justificó la investigación, pero por sí sola no demuestra que el virus saliera del laboratorio.
Los análisis genéticos no respaldalan hasta ahora la fuga
Los estudios científicos realizados durante los últimos meses no han encontrado coincidencias entre el virus detectado en los jabalíes y las cepas almacenadas o utilizadas experimentalmente en el IRTA-CReSA.
Tras la aparición del brote, el Ministerio de Agricultura solicitó la intervención del Equipo de Emergencia Veterinaria de la Unión Europea. Los expertos visitaron las instalaciones los días 11 y 12 de diciembre y revisaron los experimentos realizados, los sistemas de bioseguridad y el inventario de material biológico disponible.
A partir de esa inspección se seleccionaron 81 muestras consideradas relevantes: doce aislados de cepas históricas Georgia 2007 y Armenia 2007, y 69 muestras clínicas procedentes de cuatro infecciones experimentales realizadas durante 2025.
Los análisis del Laboratorio Central de Veterinaria de Algete no detectaron en ninguna de esas muestras los marcadores genéticos específicos presentes en el virus del brote catalán. Una secuenciación completa independiente tampoco encontró la gran deleción de más de 10.000 bases ni el conjunto de mutaciones que caracterizan al virus hallado en los jabalíes.
El informe científico del Ministerio concluyó que no existía coincidencia genética, ni mediante marcadores parciales ni mediante la comparación de genomas completos, entre el aislado detectado en Cataluña y los virus utilizados en las investigaciones del IRTA-CReSA.
Sin embargo, el mismo informe calificó sus conclusiones de provisionales y evitó pronunciarse definitivamente sobre el origen, precisamente porque continuaban abiertas tanto la investigación administrativa como la judicial.
La hipótesis de los alimentos contaminados
La caracterización molecular ha determinado que el virus pertenece al genotipo II, pero forma un grupo genético no descrito anteriormente. Presenta una firma diferenciada, con mutaciones y una importante pérdida de material genético que dificultan vincularlo con otros brotes conocidos en Europa.
El virus tampoco guarda una relación estrecha con los linajes dominantes en el norte de Italia, el área europea afectada más próxima en el momento de la detección. Entre Italia y Cataluña existían más de 500 kilómetros y no se habían registrado focos intermedios en Francia, lo que resta fuerza a una propagación natural mediante el desplazamiento progresivo de jabalíes.
Entre los escenarios considerados científicamente plausibles destaca una introducción a larga distancia causada por la actividad humana, posiblemente mediante carne de cerdo, embutidos o restos de comida contaminados abandonados en un lugar accesible para los jabalíes.
Esta vía encajaría con la aparición aislada del virus, la ausencia de focos intermedios y la localización del brote en un entorno metropolitano atravesado por importantes redes viarias y ferroviarias. La Organización Mundial de Sanidad Animal señaló en abril que la explicación más probable era una introducción única mediada por actividades humanas, aunque reconoció que las lagunas existentes en las bases de datos genómicas impiden determinar con precisión su procedencia.
El Ministerio también llegó a estudiar de forma teórica una introducción deliberada, pero no encontró indicios específicos que respaldaran esa hipótesis y consideró poco coherente que se utilizara intencionadamente una variante poco conocida y de comportamiento biológico imprevisible.
El brote continúa activo en los jabalíes
Mientras la Justicia investiga el origen, la enfermedad sigue presente en la fauna silvestre de la provincia de Barcelona.
La última actualización disponible del Ministerio de Agricultura, fechada el 25 de junio, contabilizaba 58 focos y 355 jabalíes positivos distribuidos en trece municipios: Cerdanyola del Vallès, Sant Cugat, Sant Quirze, Terrassa, Rubí, Molins de Rei, Sant Feliu de Llobregat, Sant Just Desvern, Barcelona, Sabadell, El Papiol, Castellbisbal y Esplugues de Llobregat.
Otros 7.538 animales habían sido analizados con resultado negativo.
La evolución del brote obligó en abril a ampliar las zonas restringidas después de detectar un jabalí positivo en Castellbisbal. La nueva delimitación fue aprobada por la Comisión Europea e incorporada a la normativa comunitaria de control de la peste porcina africana.
Las autoridades mantienen las operaciones de búsqueda y retirada de cadáveres, el trampeo y control de la población de jabalíes y la instalación de vallados en corredores utilizados por los animales. También se han reforzado la limpieza, la desinfección y la vigilancia epidemiológica en las explotaciones porcinas.
Pese a la expansión dentro de las zonas restringidas, no se ha detectado ningún caso en cerdos domésticos. Los servicios veterinarios continúan inspeccionando las medidas de bioseguridad de las granjas y realizando controles reforzados en las explotaciones comerciales.
Una investigación con dos planos diferentes
El segundo registro pone de manifiesto la existencia de dos investigaciones paralelas que no deben confundirse.
Por un lado, la investigación científica y epidemiológica intenta establecer cómo entró y se propagó el virus. Hasta ahora, sus análisis no han vinculado genéticamente el brote con las cepas examinadas en el IRTA-CReSA y consideran más probable una introducción mediada por la actividad humana.
Por otro, la investigación judicial debe comprobar si los inventarios, registros, protocolos, incidencias técnicas y muestras intervenidas se corresponden con la información facilitada y si pudo existir alguna negligencia con relevancia penal.
Que la Policía vuelva al laboratorio no invalida los estudios científicos ni demuestra una fuga. Pero confirma que el órgano judicial todavía no considera agotada esa línea de investigación y que busca evidencias propias, obtenidas con garantías procesales y sometidas a una cadena de custodia policial.
El IRTA-CReSA ha reiterado su “máxima transparencia y plena colaboración” con las autoridades y ha asegurado que continuará atendiendo cualquier requerimiento judicial.
La peste porcina africana no se transmite a los seres humanos, ni por contacto con los animales ni por el consumo de productos porcinos. Su peligrosidad reside en su elevada mortalidad entre cerdos y jabalíes, en la ausencia de una vacuna comercial generalizada y en las graves repercusiones sanitarias, económicas y comerciales que provocaría su entrada en explotaciones ganaderas.
La incógnita principal, siete meses después de los primeros casos, sigue sin respuesta definitiva: el virus está genéticamente caracterizado y territorialmente vigilado, pero todavía no se ha podido reconstruir con certeza el camino que siguió hasta Collserola.
