El robo de camisetas de España reabre el pulso político por la oficialidad de la Euskal Selekzioa
Militantes de Ernai, organización juvenil vinculada a Sortu, difundieron una acción en varios centros comerciales en la que sustraían equipaciones de la selección española y colocaban pegatinas reivindicativas. El episodio coincide con el Mundial 2026 y con otro incidente en Vitoria investigado por la Ertzaintza como lesiones, coacciones y delito de odio.
La disputa por los símbolos deportivos ha saltado esta semana de los estadios a los escaparates. Militantes de Ernai han difundido un vídeo en redes sociales en el que se observa a varios jóvenes llevándose camisetas de la selección española de fútbol de centros comerciales y colocando pegatinas con el anagrama de la organización. La acción, reivindicada en favor de la oficialidad de la selección vasca, llega en plena celebración del Mundial 2026, con España clasificada para la siguiente fase tras cerrar como líder del grupo H.
En los videos de esta organización juvenil de Sortu, los participantes aparecen ataviados con gorros blancos y barbas postizas mientras retiran camisetas de España y colocan adhesivos con mensajes políticos. Entre las leyendas difundidas figura una frase en inglés en la que se afirma que el País Vasco no es España ni Francia, además de consignas a favor de la Euskal Selekzioa.
La acción de Ernai busca situar de nuevo en el debate público una reivindicación histórica del nacionalismo vasco: que la selección de Euskadi pueda competir oficialmente en torneos internacionales de fútbol. La Federación Vasca de Fútbol ya solicitó en 2020 su ingreso en UEFA y FIFA, pero la UEFA rechazó la petición en 2021 al considerar que la federación vasca pertenece a la Real Federación Española de Fútbol y que Euskadi no cumple el requisito de ser un Estado reconocido por la mayoría de la comunidad internacional.
El momento elegido no es casual. España acaba de avanzar en el Mundial 2026 tras vencer 0-1 a Uruguay con un gol de Álex Baena y terminar primera del grupo H con siete puntos, en un contexto de fuerte visibilidad mediática de la selección y de sus equipaciones. La camiseta de España, especialmente la segunda equipación blanca, se ha convertido además en un objeto de consumo y debate simbólico durante el torneo, con problemas de stock en varias tiendas, según publicó El País.
La reivindicación deportiva, sin embargo, queda marcada por el método utilizado. El vídeo no muestra una protesta convencional, sino la sustracción de prendas en establecimientos comerciales, una actuación que puede derivar en consecuencias legales si los comercios afectados denuncian los hechos. Por ahora, la información disponible confirma la difusión de la acción por parte de Ernai y su finalidad política, pero no detalla el número exacto de camisetas sustraídas ni el valor total del material.
El episodio coincide además con otro suceso relacionado con la camiseta de España ocurrido en Vitoria-Gasteiz, aunque se trata de hechos distintos. La Ertzaintza informó este sábado de que investiga a tres jóvenes de 22, 30 y 32 años por presuntos delitos de lesiones leves, coacciones y delito de odio después de que un hombre denunciara haber sido agredido y amenazado durante las fiestas del barrio de Aranbizkarra por llevar puesta una camiseta de la selección española.
Según la versión policial, la víctima fue rodeada por un grupo de personas que le empujó y le exigió que se quitara la camiseta. Tras avisar a la Ertzaintza, los agentes desplazados al lugar identificaron a tres presuntos implicados y abrieron diligencias.
Ambos episodios reflejan cómo el fútbol vuelve a operar como campo de disputa identitaria en Euskadi. La oficialidad de la Euskal Selekzioa cuenta con respaldo social y político en determinados sectores, y la propia Federación Vasca ha reiterado en los últimos meses su intención de mantener viva esa aspiración. Su presidente, Iker Goñi, defendió en una entrevista con la Cadena SER que el objetivo de la oficialidad continúa vigente y planteó el ejemplo de selecciones como Gales, Escocia, Irlanda del Norte o Gibraltar.
Pero la vía federativa y la vía de la protesta directa no tienen el mismo recorrido ni la misma legitimidad pública. Mientras la primera se mueve en el terreno institucional y jurídico, la segunda abre un debate sobre los límites entre acción política, vandalismo y posible ilícito penal. En este caso, la sustracción de camisetas transforma una reivindicación deportiva en una controversia de orden público y convivencia.
El Mundial, que habitualmente amplifica emociones colectivas y símbolos nacionales, ha servido esta vez como escaparate de una tensión persistente: la pugna entre quienes reivindican selecciones deportivas propias para Euskadi y quienes interpretan esos actos como un ataque a los símbolos comunes de España. En ese terreno, una camiseta deja de ser solo una prenda deportiva para convertirse en un objeto cargado de significado político.
