Indetificada la mujer de rosa
Dos décadas después de que un taxista encontrara el cuerpo sin vida de una joven vestida de rosa en una cuneta de Viladecans (Barcelona), la Policía Nacional ha conseguido ponerle nombre: Liudmila Zavada, una ciudadana rusa de 31 años. Su identidad, desconocida desde 2005, ha sido confirmada gracias a una compleja investigación internacional y a los avances en identificación biométrica.
El caso, conocido popularmente como el de la “mujer de rosa”, se convirtió en uno de los misterios sin resolver más emblemáticos de la crónica negra catalana. La víctima apareció el 3 de julio de 2005, tendida junto a una carretera del Baix Llobregat, con evidentes signos de haber sido trasladada tras su muerte. Vestía un conjunto fucsia y sandalias negras, sin documentos ni pertenencias que pudieran guiar a los investigadores. Las autoridades determinaron que había fallecido menos de 24 horas antes del hallazgo, pero su identidad quedó en el anonimato durante veinte años.
Un caso reabierto por la cooperación internacional
La pieza clave para resolver el caso ha sido el programa “Identify Me”, impulsado por Interpol en 2023 para dar nombre a mujeres sin identificar en Europa. La colaboración entre la Policía Nacional española y la Oficina Central Nacional de Interpol en Madrid permitió cotejar las huellas de la víctima con bases de datos internacionales.
Fue así como una coincidencia en Turquía activó la alerta: los registros biométricos correspondían a una mujer rusa, Liudmila Zavada. Posteriormente, un análisis genético realizado por la Comisaría General de Policía Científicaconfirmó la identificación tras comparar el ADN de la fallecida con el de una hermana residente en Rusia.
Según fuentes policiales, Liudmila había llegado a España poco antes de su muerte, aunque se desconocen los motivos de su viaje o las circunstancias que la rodearon. Las autoridades mantienen abierta la investigación para esclarecer si fue víctima de violencia, trata o explotación.
Dos décadas de incógnitas
Durante años, los investigadores barajaron varias hipótesis: desde un crimen pasional hasta un caso relacionado con redes de trata. Sin embargo, la falta de documentación, la ausencia de denuncias de desaparición y la limitada tecnología forense de la época impidieron avanzar.
El caso fue archivado temporalmente, aunque la Policía Científica mantuvo las muestras y registros en sus bases de datos. “Nunca se dejó de buscar su identidad”, señalan fuentes del cuerpo, que destacan la importancia de los avances tecnológicos y de la cooperación internacional en la resolución de casos antiguos.
Un nombre que devuelve humanidad
Para los investigadores y las organizaciones internacionales, la identificación de Liudmila Zavada representa mucho más que un logro técnico. Es una restitución de dignidad. “Después de veinte años, una mujer sin nombre recupera su identidad y con ella la posibilidad de justicia”, declaró un portavoz de Interpol.
El hallazgo también arroja luz sobre la eficacia de las nuevas herramientas de identificación forense y los proyectos transnacionales que, gracias al ADN familiar y al intercambio de datos biométricos, están resolviendo casos que parecían imposibles.
El misterio que aún persiste
Aunque el nombre de la víctima ya se conoce, las causas de su muerte siguen siendo un enigma. La Policía Nacional continúa trabajando con las autoridades rusas y europeas para reconstruir los últimos días de Liudmila en España. Se busca determinar quién la acompañó, por qué su cuerpo fue trasladado y quién pudo estar detrás de su muerte.
Veinte años después, el caso de la “mujer de rosa” deja de ser una historia anónima para convertirse en el relato de una mujer con nombre, pasado y familia. Pero, como reconocen los agentes que la identificaron, “darle un nombre es sólo el primer paso: ahora hay que contar su historia completa”.
