Batalla campal entre okupas y vecinos en Moncada i Reixac.
Un brutal enfrentamiento entre vecinos y okupas de origen magrebí sacudió la localidad barcelonesa de Montcada i Reixac el pasado domingo alrededor de la una del mediodía. Los violentos altercados, captados por cámaras de medios así como de las redes, se produjeron en la calle Sant Ignasi, número 31, en el barrio de Mas Rampinyo.
Un conflicto alimentado por la tensión acumulada
Durante semanas, los residentes habían denunciado robo, agresiones y sensación de inseguridad vinculada a los okupas. El choque ocurrió cuando un grupo de estos últimos intentó apoderarse de otro local del mismo inmueble, provocando una fuga de agua que afectó al vecindario. Familiares y vecinos —algunos ya ocupantes del edificio— descendieron a la calle armados con palos y cadenas, lo que derivó en una auténtica batalla multitudinaria.
Escalada de violencia
Los enfrentamientos continuaron durante dos días. Ambos bandos utilizaron palos y barras metálicas para agredirse. Los Mossos d’Esquadra intervino y detuvo a tres personas por riña tumultuaria, mientras investigaba el origen del conflicto —algunos medios apuntan a un clan gitano enfrentado a okupas—. También se señaló que el edificio alojaba una plantación de marihuana, un precedente que podría haber contribuido a las tensiones.
Heridas y consecuencias gravísimas
En la refriega, ocurrieron situaciones de extremo peligro. Un tiroteo en 2020 en el mismo inmueble había dejado ya un herido grave tras el descubrimiento de una plantación ilegal de cannabis. Aunque en este último episodio no se reportaron heridos por fuego, sí hubo agresiones físicas que obligaron a reforzar la vigilancia policial en la zona.
Opinión vecinal y respuesta institucional
Los vecinos aseguran estar “hartos” de la situación y piden medidas contundentes. Algunos declararon haber alertado al juzgado para proceder al desalojo del edificio, mientras que las autoridades mantienen un dispositivo policial reforzado para prevenir nuevos desbordes.
Conclusión
La batalla campal en Montcada i Reixac ejemplifica el impacto de la convivencia fracturada y la falta de respuestas tempranas ante conflictos latentes. El desenlace violento refleja cómo la okupación, la inseguridad percibida y la presencia de redes familiares o clanes pueden desencadenar conflictos públicos graves. La lección es clara: la resolución efectiva requiere intervenir antes de que la tensión social trascienda a la ruptura del orden público.
