Dos guardias civiles muertos en Huelva tras una persecución a una narcolancha.
La colisión entre dos embarcaciones del Servicio Marítimo se produjo durante un operativo contra una narcolancha frente a Huelva
Dos guardias civiles murieron el 8 de mayo de 2026 y otros dos resultaron heridos durante una operación contra el narcotráfico marítimo frente a la costa de Huelva. El accidente se produjo cuando dos embarcaciones del Servicio Marítimo de la Guardia Civil colisionaron mientras participaban en la persecución de una narcolancha. El suceso ocurrió en torno a las 11.00 horas, a unas 80 millas náuticas de la costa onubense y a 47 de la costa norte de Marruecos.
Los fallecidos fueron el guardia civil Germán P. J., de 55 años, y el capitán Jerónimo J. M. Ambos pertenecían al Servicio Marítimo y contaban con experiencia en este tipo de actuaciones. Según la información publicada, uno de los agentes murió en el momento del impacto y el segundo falleció durante su traslado al hospital de Jerez de la Frontera, donde quedaron ingresados los otros dos heridos.
Las embarcaciones implicadas eran la patrullera Río Antas y una semirrígida del propio cuerpo. Ambas participaban en el seguimiento de una embarcación de alta velocidad, denominación formal empleada para las narcolanchas. La lancha perseguida tenía 14 metros y cuatro motores. La Río Antas, diseñada para interceptar este tipo de embarcaciones, podía alcanzar altas velocidades, lo que evidencia la exigencia técnica del operativo.
Tras la colisión, la Guardia Civil solicitó apoyo a la Armada para remolcar las embarcaciones por riesgo de hundimiento. También se desplazaron al lugar medios del Servicio Adjunto de Vigilancia Aduanera, Salvamento Marítimo y unidades del Servicio Marítimo Provincial de Huelva. La actuación no solo fue una persecución, sino una intervención de emergencia marítima con varios recursos activados de forma simultánea.
La tragedia tuvo un impacto institucional inmediato. La Junta de Andalucía decretó luto oficial y los principales partidos suspendieron actos de campaña en señal de duelo. Las asociaciones profesionales de la Guardia Civil reclamaron más medios, reconocimiento de profesión de riesgo y revisión de las condiciones operativas frente al narcotráfico marítimo.
El contexto operativo es especialmente relevante. Interior había presentado ese mismo periodo varias operaciones antidroga en rutas atlánticas, entre ellas Alfa Lima y Abisal, con incautaciones de cocaína, hachís, combustible y embarcaciones vinculadas a redes transnacionales. La presión policial se está desplazando hacia el mar abierto, donde la capacidad de las organizaciones para mover combustible, lanchas y cargamentos obliga a operar cada vez más lejos de la costa.
La implicación principal es clara: la lucha contra el narcotráfico marítimo ha entrado en una fase de mayor exigencia técnica y riesgo físico para los agentes. El caso permanece sujeto a investigación sobre la dinámica exacta de la colisión, pero ya refleja una tendencia consolidada: las rutas marítimas del narco obligan a intervenciones más lejanas, más rápidas y más peligrosas.
